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REPORTAJE
Lutero avanza en América Latina
Las iglesias evangélicas, con un fuerte papel
social, se multiplican en Brasil y Centroamérica y amenazan la
tradicional hegemonía católica
EL PAÍS, CARLOS G. CANO
- Madrid - 30/07/2010 | El protestantismo avanza en América
Latina. No hay estadísticas unificadas pero en El Salvador, según
una reciente encuesta del IUDOP -instituto dependiente de la jesuita Universidad
Centroamericana-, los que se declaran protestantes -en 1988, apenas un
16%- hoy suponen más del 38% de la población. Y en el resto
del continente, con la excepción de México, al menos una
de cada 10 personas es protestante. En algunos casos, como en Guatemala,
hasta se anuncia que el país será pronto mayoritariamente
evangélico.
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La
mayoría de la población de Guatemala será pronto
evangélica
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Los
académicos creen que el viaje del Papa a Brasil no sirvió
de nada
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Pero, aunque en Centroamérica
la tendencia es pronunciada, los datos también hablan por sí
mismos al sur de Panamá. Hasta 1960, en Brasil los protestantes
siempre se habían mantenido por debajo del 5%. Pero durante los
noventa, la proporción pasó del 9% al 15,4%. Y ahora, con
unos 30 millones de evangélicos, los brasileños le disputan
a Alemania, Sudáfrica y Nigeria la tercera plaza en el ranking
de los países con más protestantes del mundo, liderada por
EE UU y Reino Unido.
El protestantismo histórico,
el de Lutero, el de Calvino o el anglicano, fue siempre muy minoritario
en la América colonial, y hasta principios del siglo XX, con el
revival norteamericano y la expansión de las iglesias pentecostales,
no empezó a echar raíces. Pero, ¿a qué se
debe un cambio tan considerable en un continente que durante siglos ha
sido aplastantemente católico?
Samuel Rodríguez, director
de la mayor organización hispanoevangélica de EE UU, la
NHCLC, arguye tres motivos: que para convertirte "no tienes que cambiar
tu cultura porque el Evangelio puede entrar con salsa o con mariachis";
que la Iglesia evangélica propone "una relación personal
con Dios, sin burocracia religiosa", y que, frente a las dictaduras,
"la religión ofreció libertad".
El antropólogo salvadoreño
Carlos Lara afirma que, en su país, el auge del protestantismo
"tiene que ver con la guerra" y, aunque solo en parte, también
con una cierta "reacción apolítica a la Teología
de la Liberación". Pero, para Lara, lo fundamental es el cambio
sociocultural.
Otro de los baluartes evangélicos
es su rol social: centros de rehabilitación para drogadictos, apoyo
en las cárceles, colegios... Pero no solo actúan a gran
escala. Las iglesias evangélicas "funcionan como microsociedades
en las que los niveles de ayuda mutua son muy fuertes", explica Lara.
Hay quien hasta atribuye al protestantismo
un cierto efecto ascensor. Pero el antropólogo estadounidense David
Stoll, autor en 1990 del premonitorio ensayo Is Latin America turning
protestant?, se muestra escéptico: "Pasar cuatro noches
en la iglesia, en vez de borracho en la calle, mejora la alimentación
de los niños y promueve roles familiares más adecuados.
Pero no se puede demostrar que hacerse evangélico mejore tu posición
social".
Ante la pérdida de fieles,
Crisóforo Domínguez, de la Conferencia Episcopal latinoaméricana,
opina que, más que un error, la Iglesia católica ha cometido
un "pecado de omisión". Al preguntarles por la visita
de Benedicto XVI a Brasil en 2007 -interpretada entonces como una forma
de frenar las conversiones evangélicas-, el dictamen de los académicos
consultados por EL PAÍS es unánime: no sirvió de
nada.
Samuel Rodríguez no duda de
que, para finales de siglo, el continente será "mayoritariamente
evangélico". Pero no todos lo tienen tan claro. El teólogo
español y profesor en Georgetown (Washington) José Casanova
señala que "las proyecciones no se están cumpliendo".
Y el sociólogo brasileño Antonio Pierucci apunta que "había
muchos católicos dispuestos a abrazar una religión más
exigente en términos de comportamiento y dedicación. Incluso
en lo monetario. Pero no todos", dice, "y eso marcará
el techo".
Proyecciones estadísticas al
margen, nadie concede demasiada importancia a las consecuencias. Samuel
Rodríguez cree que "los valores [evangélicos y católicos]
son los mismos". Tanto que los compara con "una pepsi
y una coca-cola". Antonio Pierucci, por su parte, descarta
un cambio cultural: "El gran problema es que los evangélicos
prohíben el alcohol, así que después de una boda
beben agua o zumo de fruta. ¿Sabe cuánto dura una fiesta
de esas?", pregunta con ironía. Lo que sí parece evidente
es que la óptica evangélica reserva a la mujer un papel
socialmente más protagónico. "Ese es un aspecto muy
importante", dice José Casanova. "Y no tanto por los
pastores -en las iglesias protestantes pueden ser mujeres- como por la
clientela femenina, que contrarresta el machismo".
También hay quien dibuja cierta
norteamericanización en la cultura, pero José Casanova apunta
que, en todo caso, la influencia será bidireccional. "En EE
UU, a largo plazo, habrá un desplazamiento prodemócrata
del voto evangélico hispano". Samuel Rodríguez confirma
que, hasta que llegó la ley "racista" de Arizona, "el
pueblo latino estaba destinado a votar republicano".
Otro de los efectos del auge del protestantismo,
según José Casanova, es la "renovación"
católica: "En Brasil los carismáticos [con prácticas
ceremoniales similares a las de algunos evangélicos] representan
más de un 20%". Samuel Rodríguez apunta incluso hacia
la política: "Muchos líderes exitosos hablan de redención
y de Jesús". Hasta "la fraseología de Hugo Chávez
es evángelica", dice. Y Twitter parece darle la razón.
Después de abrir la tumba de Bolívar, el presidente venezolano
twitteó: "Dios mío, Dios mío. Cristo
mío, Cristo Nuestro. Mientras oraba en silencio viendo aquellos
huesos, pensé en ti".
Fuente: EL
PAÍS
| Edición: Noticias FEREDE
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