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OPINIÓN
Dime lo que
temes y te diré qué crees
por Jorge Fernández.
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| Sara Domene, filóloga,
cooperante y profesora de Castellano. Marruecos la considera una grave
amenaza para el orden público, ¿usted qué cree? |
(JORGE FERNÁNDEZ, 02/07/2010)
Menuda, de rostro afable y sonrisa fácil, sus ojos claros son el
espejo de un alma solidaria que le empujaron al Sáhara, hace cuatro
años, para ayudar a la formación de profesores, enseñar
castellano, y obtener recursos para el mantenimiento de dos centros de
discapacitados.
A Sara Domene le faltaba poco para
terminar su trabajo y regresar a su casa en Sant Boi del Llobregat (Barcelona),
apenas unos días para despedirse de compañeros, alumnos
y amigos con un "hasta pronto" y con la satisfacción
moral del deber cumplido. Gracias a su trabajo, varios de sus alumnos
habían conseguido acreditar su domino de la lengua castellana con
un certificado del prestigioso Instituto Cervantes.
Pero los servicios de
¿inteligencia?
marroquíes ya habían dictado sentencia (sí, porque
las sentencias en estos casos nunca son judiciales, sino policiales):
"la cooperante española es una grave amenaza para el orden
público y su expulsión es una necesidad imperiosa para
salvaguardar la seguridad pública" (sic), y desde
el Ministerio del Interior, dirigido por Taïeb Cherkaoui,
se puso en marcha la inquisitorial burocracia
¿Una grave amenaza para el
orden público esta filóloga catalana, menuda y simpática?
¿Por enseñar castellano a personas adultas?
En otras circunstancias, el caso no
pasaría de una anécdota cómica, por absurda, pero
lo que está pasando en Marruecos es de una gravedad tal que cuesta
entender por qué la comunidad internacional sigue mirando para
otro lado.
Con una sola excepción; la
semana pasada un hecho similar ha estado a punto de costarle a Marruecos
un conflicto diplomático mayúsculo con su aliado más
poderoso, los EE UU de Norteamérica. La tensión disminuyó
sólo porque el Gobierno de Rabat decidió suspender las órdenes
de expulsión que había comunicado a una docena de ciudadanos
estadounidenses evangélicos el pasado fin de semana.
El ejemplo de la Administración
Obama debería mostrar el camino a seguir a España
y a Europa: el de la firmeza. No se puede guardar silencio o andar
con paños tibios cuando de proteger los derechos humanos fundamentales
de los ciudadanos se trata. Y Marruecos ha traspasado en este aspecto
varias veces el límite de lo admisible.
Por otra parte, hay que empezar a
llamar a las cosas por su nombre para que lo opinión pública
internacional no se deje llamar a engaño por el discurso oficial
del Gobierno marroquí acerca de las razones con que se justifican
estas expulsiones, empezando por la acusación de "proselitismo"
y siguiendo por lo de "grave amenaza para el orden público".
Hay que recordar que estas acusaciones
en ningún caso, del centenar largo de cooperantes expulsados,
han sido demostradas ante los tribunales de justicia. Tampoco responden
a quejas o denuncias por parte de los ciudadanos marroquíes que,
como se aprecia en las imágenes que han trascendido a través
de la prensa, les han despedido con lágrimas y con gran pesar.
Y aquí conviene subrayar que,
las verdaderas víctimas de estas expulsiones no son, principalmente,
los cooperantes expulsados - a pesar de lo mucho que pueda afectarles
la situación - sino los ciudadanos marroquíes a quienes
su Gobierno, supuestamente, les ha protegido de "una grave amenaza".
| No son
los profesionales como Sara la grave amenaza para el orden público
en Marruecos, sino el integrismo religioso y sus valedores. |
Llamar a las cosas por su nombre es,
también, decir que, lo que el Gobierno marroquí considera
una "grave amenaza para el orden público" no son los
cristianos expulsados, sino "la libertad de sus ciudadanos".
Se acusa a los cristianos evangélicos de "intentar convertir
a los musulmanes al cristianismo" - hecho que todos niegan y que,
como ya se ha dicho, no ha sido demostrado - cuando en realidad lo que
se pretende es castigar y controlar "la libertad de los ciudadanos
marroquíes y el legítimo interés de algunos de ellos
por el cristianismo".
Llamar a las cosas por su nombre es
decir que, en Marruecos, el sólo hecho de poseer una Biblia
en lengua árabe, puede ser interpretado como un acto de proselitismo,
y que se considera "una grave amenaza para el orden público"
que un ciudadano marroquí entre voluntariamente a un lugar de culto
de otra confesión religiosa, aunque solo sea por curiosidad. (Recientemente
la policía violó la inmunidad de un templo protestante en
Marraquech para detener a una persona que había cometido ese "delito").
No es un asunto baladí. Los
esfuerzos de buena parte de la sociedad marroquí por unirse al
concierto de las naciones democráticas y desarrolladas del mundo,
tienen en el integrismo religioso su peor amenaza. Sus aspiraciones se
verán siempre frustradas mientras sus líderes religiosos
califiquen las prácticas de otras confesiones de "terrorismo
religioso" y sus gobernantes, en vez de llamar a estos a la moderación,
se dediquen a perseguir y expulsar a maestras, profesores, cooperantes
y empresarios, a quienes no se les ha probado otro "delito"
que el de ser personas honestas, trabajadoras y solidarias.
No son los profesionales como Sara
la grave amenaza para el orden público en Marruecos, sino el integrismo
religioso y sus valedores.
Autor: Jorge Fernández,
responsable de los Servicios de Comunicación y Prensa de FEREDE
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