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«El diablo
me atrapó»
R. O. 13/10/2008
Julio sube al estrado y empuña
con fuerza el micrófono.
Antes de conocer a Jesucristo, el diablo me tenía atrapado
en la droga. La heroína, la cocaína, las pastillas. Todas
las he probado. Durante 30 años. ¡Que el Señor las
reprenda!
Amén contestan
a coro medio centenar de personas.
El local de la Iglesia Evangélica
La Unción, en el corazón de Las Tres Mil Viviendas, está
abarrotado. Sigue Julio:
Hubo un tiempo en que antes
de levantarme de la cama tenía que tomar un gramo de coca y medio
de heroína. ¡Que el Señor las reprenda!
Amén.
Luego me metía 15 o 20
gramos y salía a la calle con 20.000 duros a ver si encontraba
droga mejor. Estaba tan enganchado que apenas podía andar. ¡Que
Dios la reprenda!
Amén.
Julio es hoy un tipo fuerte. Su adicción
era tal, dice, que cometía delitos para entrar en la cárcel,
a ver si dentro me podía desenganchar. Su compañera,
que rendía culto, le dijo: El único que
puede sanarte es Dios; pero yo me cachondeaba.
Su salud se deterioraba por días:
hígado inflamado, hepatitis C, asma, huesos atrofiados. Un desecho.
Los médicos le informaron sobre la gravedad de su estado. Hizo
caso a su compañera y se puso en manos del pastor José Jiménez.
Tiempo después, estaba curado. Dios tuvo misericordia de
mí. Amén.
Es un miércoles cualquiera.
Como todos los días, en el pequeño local de la calle Escultor
Sebastián Santos, en el corazón de Las Tres Mil Viviendas,
el barrio más deprimido de Sevilla, medio centenar de gitanos,
limpios y acicalados, asisten al culto de la Iglesia Evangélica
La Unción.
Cuatro mujeres que forman el coro
empuñan cada una su micrófono. Un joven veinteañero,
José Luis El Porri, toca el órgano. Entonan El agua más
cristalina. Una mezcla de música evangélica, salsa
y flamenquito, apunta El Porri.
El testimonio de Julio forma parte
del guión de un culto evangélico gitano. Los hermanos dan
fe de sus milagrosas curaciones. La profesora de Antropología Manuela
Cantón explica que los dones o carismas son un pilar fundamental
de los evangélicos. Entre éstos destacan el don de
lenguas y las sanaciones, y algunos carismas más modestos, como
la habilidad de los pastores para predicar o el talento para cantar.
El pastor Jiménez inicia su
sermón con una frase rotunda: Hubo un golpe de Estado en
el cielo, que dio Satanás. Luego, condenará el matrimonio
entre homosexuales, por antibíblico. Dios no creó
un ser intermedio, sino un hombre y una mujer, para que procrearan.
Termina el culto. Las mujeres se besan
y los hombres se dan la mano. Salen al exterior. La noche oculta las miserias
del barrio. Al menos por un par de horas, los vecinos de Las Tres Mil
han rozado su cielo particular. Amén.
Fuente: elpais.com
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