EXTREMADURA
Los inmigrantes alimentan la
fe evangélica
Cuatro mil fieles conviven hoy en día en la región,
de los que un millar son de países latinoamericanos Medio
centenar de iglesias se reparten por toda Extremadura
ROCÍO SÁNCHEZ
RODRÍGUEZ | 27/10/2008
 |
| BODA
EVANGELISTA: Dos fieles se casan en la iglesia Agua Viva de
Mérida. |BRÍGIDO |
 |
| FRANCISCO
CARRASCO: Es el secretario ejecutivo del Consejo Evangélico
de Extremadura y reside en Mérida. Con 14 años
leyó la Biblia-su única ley- y supo que su opción
era la evangélica. Defiende una iglesia cercana a las
personas en la que no existe jerarquía.|BRÍGIDO |
CUANDO una persona abre su
vida a la religión encuentra un nuevo sentido y la luz
del evangelio viene a traer orden a su existencia. Vivimos en
una sociedad enferma, la libertad de la que gozamos no nos hace
más felices». Así define Francisco Carrasco
Paz, de 44 años y secretario ejecutivo del Consejo Evangélico
de Extremadura, su forma de entrar en contacto con «el Dios
real y desnudo».
El movimiento protestante
-o evangélico, como ellos prefieren llamarlo- está
en pleno crecimiento. Mientras que la Iglesia católica
vive actualmente una extinción de fe, los fieles adeptos
a esta opción del cristianismo se multiplican. ¿La
causa principal? La llegada de la población inmigrante.
En los últimos cinco
años los evangélicos extremeños han aumentado
considerablemente gracias a los seguidores procedentes, principalmente,
de los países latinoamericanos. «Nosotros le ofrecemos
integración, alojamiento, comida, asesoría en documentación
y búsqueda de trabajo y ellos nos dan experiencia y dinamismo,
puesto que ya han entrado en contacto con este tipo de iglesia»,
explica Carrasco Paz.
Hace tres décadas en
la región había unas diez Iglesias evangélicas
y apenas 200 creyentes. Actualmente, la comunidad cuenta con unos
4.000 fieles -de los que un millar son inmigrantes- y 50 lugares
de culto. En esa cifra total se integran los miembros de la Iglesia
de San Juan Bautista y los de la Iglesia de Filadelfia, compuesta
en su gran mayoría por población gitana. Ambas representan
al movimiento a partes iguales.
El profesor de Antropología
Social de la Universidad de Extremadura (UEx) Domingo Barbolla
-que imparte clases en el campus de Cáceres- apunta que,
además del fenómeno de la inmigración, la
democracia también ha motivado la diversidad religiosa.
«La dictadura perseguía todo aquello que no fuera
católico. No ir a misa el domingo suponía una ofensa
al régimen», cuenta. «Hoy día conviven
más de 130 nacionalidades distintas en nuestra comunidad,
es normal que haya varias opciones».
A nivel nacional, los datos
aportados por la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas
de España (Ferede) atestiguan la evolución: hace
un siglo había unos 4.000 evangélicos, en 1932,
con la República, fueron 22.000 y en el franquismo disminuyeron
a 7.000. Ahora suman 400.000 adeptos, más otro millón
de fieles procedentes de la comunidad inmigrante.
Nueva realidad
El representante del Consejo
Evangélico en la región -órgano que se integra
en la Ferede- dice que mientras que la Iglesia católica
está estancada, ellos han sabido adaptarse a una nueva
realidad. «La gente que viene de otros países trae
consigo innumerables problemas y encuentran en nosotros un consuelo,
un lugar donde sentirse arropados».
Argumenta que una de la principales
diferencias con los católicos es la jerarquía establecida.
«En nuestra iglesia no existe esa separación de 'nosotros
somos el clero y los que estamos en contacto con Dios y vosotros
sois los pobres perdidos'. Aquí nosotros también
formamos parte de los perdidos», manifiesta. «Además,
yo soy pastor pero estoy casado, tengo hijos y trabajo en la Junta».
Adolfo Jiménez, portavoz
de la Iglesia de Filadelfia en Extremadura, apunta a que el éxito
de su opción religiosa es la defensa de que «para
Dios no existen pueblos ni razas, sólo personas. Es la
sociedad quien hace la división». Esta iglesia lleva
casi 40 años celebrando culto en la región. «Cada
tarde, a las ocho, tenemos nuestra cita».
Domingo Barbolla indica que
es precisamente la distinción de razas la que ha hecho
que la etnia gitana no se integre en la Iglesia católica.
La diferenciación racial salpica también al ámbito
religioso.
«Pasa lo mismo con otros
sectores marginales en los que sí actúa la Iglesia
evangélica. Nosotros solemos tratar con personas de nivel
medio-bajo», apostilla Francisco Carrasco. Por eso, continúa,
«el mensaje que lanzamos es más auténtico».
La Biblia es la ley de los
evangélicos. «Lo quitamos todo y dejamos sólo
la Biblia. Yo represento a un órgano federativo, pero la
única función que tiene es la de cohesión,
cada iglesia es independiente», afirma Carrasco.
Fue leyendo la Biblia, con
14 años, cuando este evangélico dijo sí a
Jesús en su vida. «Fue una experiencia vital que
me cambió para siempre. Tuve una relación personal
y directa con Dios. Después me enteré que por sentir
esto nos llamaban evangélicos».
Lo protestante, lo de fuera
Estos fieles se quejan de
la discriminación que aún hoy sufren. «Parece
que los protestantes son los de fuera y no tienen cabida. España
es por tradición católica y todo lo demás
son sectas. Que nos llamen así duele porque si nosotros
'pescamos' a los adeptos de mayores, ellos lo hacen en la cuna».
Carrasco defiende que su Iglesia
tiene dos actividades que se desarrollan a la vez: la celebración
del culto religioso y la labor social. «Tenemos misioneros
por el mundo, pero no son conocidos». En este sentido, el
representante de la Iglesia de Filadelfia resalta la labor que
llevan a cabo en los centros de rehabilitación, donde se
ayuda a los pacientes a salir de las drogas.
Repartidos por toda la región,
los evangélicos se han hecho un hueco en Extremadura y
anuncian que irán a más. Defienden una religión
más «cercana a las personas» y creen que es
suficiente para seguir ganando fieles.
Sin embargo, y a modo de resumen,
el profesor de Antropología Social de la UEx rompe con
esta visión y parece que lo tiene claro: «la causa
del crecimiento en la comunidad es el simple movimiento de personas.
Es muy difícil que alguien cambie de religión. No
es que ahora haya en el mundo más evangélicos, sino
que se reparten de manera diferente».